En el mundo del poker hay muchas leyendas sobrevolando cada carta, cada jugada y cada movimiento que realizan los jugadores. Y eso solo tiene una explicación y es que, al ser un juego tan antiguo, con tanta historia detrás y jugado por tanta gente, es inevitable que aparezcan rumores que trascienden de generación en generación. Parece increíble que, si su origen es tan antiguo, no se haya profesionalizado antes y no se le tenga la estima que pueden tener otros juegos clásicos. Pero así es el ser humano con sus sinrazones. El caso es que hay jugadas que tienen una denominación muy específica y con una intrahistoria muy curiosa detrás. Y la mano del muerto es una de ellas.
La mano del muerto se llama a una combinación de dos ases y dos ochos. No tienen por qué ser de los palos negros, pero resulta todavía más inquietante que la combinación sea de picas y tréboles. Seguro que a más de un jugador le recorre un escalofrío cuando liga esta mano. En Texas Holdem no se puede conseguir de mano como puede ocurrir en otros juegos de poker con descarte, pero igualmente dilata las pupilas de los contrincantes cuando aparece. Puede que alguien te recomiende que mires hacia atrás antes de comenzar la siguiente ronda para asegurarte que no hay nadie.
Para entender esta referencia nos tenemos que trasladar en el tiempo hasta el Viejo Oeste, allá por la segunda mitad del siglo XIX. El poker era un juego muy habitual entre los lugareños y de hecho los juegos de cartas solían copar la mayor parte del tiempo de entretenimiento de los vaqueros. Era la forma de resolver conflictos, pasar el tiempo junto a los amigos, hacer pagar a algún rival alguna deuda o simplemente sentirse competitivo. Y es que por entonces los naipes ya eran para muchos una forma de vivir, aunque no ganaran dinero por jugar como ocurre ahora en los torneos de poker online.
Pues bajo ese contexto entró James Butler Hickock el 2 de agosto de 1876 en el salón Nuttal & Mann’s de Deadwood, una población situada al oeste del estado de Dakota del Sur. Todos le conocían como Wild Bill porque era un vaquero terrorífico casi infalible en los duelos a muerte del Oeste. Y su intención fue la de sentarse en una mesa a jugar una partida de poker como cada tarde. Sin embargo, cometió el flagrante error de no cubrir sus espaldas convenientemente, algo que se solía hacer durante este tipo de actividades en aquella época. Sobre todo, porque al jugar a las cartas, era común que los contrincantes colocaran a algún compinche detrás que le soplara las cartas que llevaba el otro jugador en todo momento.
Por esa razón los jugadores solían sentarse con la espalda pegada en la pared. Por eso y para evitar un posible ataque por la espalda de algún enemigo que la tuviera bien guardada y estuviera esperando la oportunidad para un ataque furtivo. Y es exactamente lo que le ocurrió a Hickock, que recibió un disparo en la nuca de un tipo llamado Jack McCall que era un delincuente acostumbrado a este tipo de ataques de furia y en la cantina lo conocían de sobra. Cantinas que solían tener una puerta trasera y por ella es por la que se coló sin que nadie pudiera avisar a Bill a tiempo.
Hickock cayó fulminado al suelo y falleció al instante. Tan repentino fue el ataque que ni si quiera a su subconsciente le dio tiempo a soltar las cartas que en ese momento portaba en su mano. Su cuerpo quedó sin vida entre los tablones con dos ases y dos ochos en la mano del hombre muerto. Desde entonces a esa combinación se le conoció como mano de la muerte y cuando los jugadores la ligaban preferían foldear por pura superstición. Nadie quería tener un final tan trágico como el de Wild Bill.
McCall tuvo la fortuna que por entonces la villa estaba en territorio indio y no tenía juez. Aun así, se celebró un juicio popular, pero el jurado decidió no declararlo culpable. Esta clase de venganzas personales eran habituales en el Viejo Oeste y condenarle hubiera sido sentar un precedente que hubiera descartado que estos actos siguieran produciéndose sin consecuencias. Y las sociedades estaban armadas bajo otros pilares en aquellos años. Sin embargo, este personaje fue presumiendo por otros territorios de lo que había hecho y cuando dio con uno con una ley mucho más severa, fue juzgado y condenado a muerte.
En su juicio alegó que había hecho aquello porque anteriormente Hickock había asesinado a su hermano, pero lo cierto es que McCall no tenía hermanos. Las malas lenguas hablaban de que días antes Wild Bill le había ganado mucho dinero en una partida y se burló de McCall haciéndole un regalo compasivo. Un gesto que fue considerado por su receptor como un gran desprecio que debía costarle la muerte al emisor. Y esa teoría parece mucho más plausible al hablar de todo un maleante.
Si en tus manos de poker en algún momento te topas con la mano del muerto, se cauto porque la mala fortuna puede acecharte muy de cerca con ella. Aunque también es una mano bastante válida en según que variantes, así que, si no temes, no la desaproveches.